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La cumbre contra el cambio climático COP21 que va a tener lugar en diciembre en París, está pasando desapercibida para los grandes medios de comunicación de masas. De todos modos, y sabiendo que puede ser un punto de inflexión importante en la lucha contra el calentamiento global, los movimientos sociales y ecologistas, y muchos organismos internacionales, empiezan a preparar movilizaciones y a hacer análisis de lo que puede dar de sí esta cumbre.

Uno de los organismos que se ha adelantado a hacer una análisis de lo que se puede prever de la cumbre es la Agencia Internacional de Energía (IEA). Así, este organismo ha publicado un informe en el que analiza la situación actual de la lucha contra el cambio climático desde la perspectiva energética, evalúa las propuestas que ya se han adelantado desde distintos países, y da propuestas de mejora para alcanzar el objetivo final de no superar un calentamiento de más de 2ºC en la temperatura global. Este informe, titulado  simplemente «Energy and Climate Change» presenta como vamos a ver interesantes conclusiones, aunque una vez más, y como viene siendo habitual, peca de cierto tecnoptimismo en las predicciones a futuro, además de una visión edulcorada de las bondades de la energía nuclear. Pero pasemos a analizar cada apartado del informe.

Energía en la COP21

El sector de la energía es el causante de dos tercios de las emisiones de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto quiere decir que en la cumbre COP21 se tienen que tomar medidas importantes en el ámbito energético, para luchar de manera efectiva contra el cambio climático.

Por primera vez en 40 años, en el año 2014 se mantuvieron constantes las emisiones relacionadas con la energía, a pesar del aumento económico global. Esto es una señal de que se está desacoplando el crecimiento económico del crecimiento de las emisiones, en parte debido a mejoras en eficiencia energética de los procesos económicos, y probablemente también por el aumento del uso de energías renovables. Aún así, al ritmo actual de emisiones, para el año 2040 habremos emitido suficientes gases como para producir un cambio climático extremo, con un calentamiento de más de 2ºC. Urge por lo tanto actuar, y hacerlo cuanto antes.

Propuestas de los países. Una apuesta insuficiente

Uno de los puntos clave de la cumbre COP21 son los compromisos de actuación que los países tienen que emitir antes de la cumbre, conocidos como INDC, para expresar qué líneas de actuación tienen previstas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los países están tardando bastante en adelantar sus propuestas, y a pesar de que en estos momentos hay 122 propuestas enviadas, en el momento en el que se realizó el análisis por parte de la IEA (Mayo de 2015) sólo se habían enviado propuestas de países que contabilizan un tercio de las emisiones mundiales.

El éxito o fracaso de COP21 vendrá dado por la ambición de los estados a la hora de presentar sus compromisos mediante los INDCs. Y el análisis de las propuestas enviadas hasta mayo no puede ser más decepcionante. Si el resto de países mantienen propuestas similares, consumiríamos el total de emisiones que nos podemos permitir de aquí al año 2100 en el año 2040, sólo 8 meses más tarde que si no hiciéramos nada. Todo un fracaso para COP21, si tenemos en cuenta que el objetivo es mantener el planeta en el margen de seguridad de aquí al año 2100. Esperemos que las negociaciones de previas y en la propia cumbre COP21 den como resultado una mayor ambición por parte de todos los países presentes.

Propuestas de futuro

Ante la falta de compromiso inicial por parte de los países, el informe de IEA de cara a COP21 lanza una serie de propuestas que permitan reducir de manera importante las emisiones de gases de efecto invernadero, y que permitan de esta forma evitar un cambio climático extremo para las próximas generaciones. Para ello, presenta dos posibles escenarios complementarios.

El primero de los escenarios, que denomina escenario Puente, propone partir de los compromisos que los estados han mandado a COP21, medidas adicionales para que sin coste adicional, alcancemos el 60% del objetivo de la cumbre. Las medidas propuestas son las siguientes:

  • Mejoras en la eficiencia energética
  • Cierre progresivo de las centrales de carbón menos eficientes
  • Aumento de las inversiones en renovables hasta 2030
  • Eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles
  • Reducir las emisiones de metano de la producción de gas y petróleo

Se trata de medidas que son técnicamente viables a fecha de hoy, y que sólo requieren del impulso y la decisión política para llevarlas a cabo. De hecho, el análisis de estas medidas demuestra que además de reducir de manera importante los gases de efecto invernadero, supondrían un ahorro de 1.6 billones de dólares, al tiempo que 1,700 millones consiguen acceso a la electricidad, mejorando de manera importante su calidad de vida.

Por desgracia, este escenario Puente no consigue reducir las emisiones de gases de efecto invernadero lo suficiente como para cumplir con el objetivo de COP21 de evitar un cambio climático extremo. La IEA lleva años trabajando y proponiendo otro escenario alternativo, conocido como escenario 450, en el que se consigue mantener el nivel de emisiones dentro del rango de seguridad. Para ello, propone acelerar el desarrollo de tecnologías emergentes, como son el almacenamiento de energía, las redes inteligentes, combustibles alternativos y electrificación para el transporte, y sobre todo el retorno de la energía nuclear y la captura y secuestro de CO2. Llevando a cabo estas medidas, sería posible reducir de manera significativa las emisiones de gases de efecto invernadero.

Se trata sin duda de una postura excesivamente tecno-optimista, ya que basa el futuro del planeta a unas tecnologías que todavía no se han desarrollado suficientemente como para conocer su alcance, o que son tan cuestionables como la captura de CO2, que básicamente es inyectar el CO2 en el subsuelo con la esperanza de que se quede atrapado durante siglos. Por no hablar de la propuesta de aumentar la generación con energía nuclear, cuando todavía no se ha resuelto el problema de la gestión de los residuos, y existen pruebas más que evidentes de la falta de seguridad de esta tecnología.

Hay que decir que el escenario 450 repite el planteamiento habitual de los organismos internacionales: no critica el paradigma del crecimiento, con lo que tiene que buscar soluciones a una economía que propone que crezca más del 1% anual, al tiempo que también crece el consumo de energía mundial. La eficiencia energética no consigue compensar el aumento del consumo, con lo que la IEA propone como solución apostar por tecnologías aún no demostradas, o por otras vías arriesgadas como son la energía nuclear o la captura y secuestro de CO2. Y mientras tanto, se olvida de la solución más evidente del problema al que nos enfrentamos: si queremos vivir en un planeta sano, evitando un cambio climático extremo, tendremos que apostar por reducir el consumo de energía y de otros materiales, al tiempo que apostamos por el resto de medidas del escenario Puente. Sólo así conseguiremos asegurar el futuro del planeta para las futuras generaciones.

Esperemos que los líderes internacionales en esta ocasión estén a la altura del reto que se les presenta, y que la cumbre COP21 sea el inicio de una nueva sociedad más limpia y saludable.

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Aitor Urresti

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