Dieselgate

El caso DieselGate del que tanto se ha venido hablando en las últimas semanas ha puesto a descubierto los engaños que desde la industria en general, y desde la industria de automoción en particular, se llevan haciendo desde hace años. Pero más allá del engaño en sí, también ha demostrado otros aspectos importantes de nuestro comportamiento como sociedad ante la contaminación y los riesgos del cambio climático:

  • Evidentemente el mayor impacto del Dieselgate ha supuesto la constatación del engaño continuado por parte de una empresa que hasta el momento contaba con un gran prestigio. Ante la necesidad de reducir emisiones de gases contaminantes, en lugar de acudir a las soluciones más lógicas como pueden ser el empleo de catalizadores o sistemas de filtrado, se ha optado por coger un atajo, y trucar el motor de manera que durante los ensayos reduzca su potencia, y de esta forma, se reduzca también el nivel de emisiones. De esta forma, se ha permitido que durante años estén circulando por la carretera centenares de miles de coches altamente contaminantes que no cumplían con la normativa ambiental.
  • Además, el caso Dieselgate puede conventirse en un caso de fraude continuado en el futuro. La empresa Volkswagen todavía no ha explicado cómo va a solucionar el problema, y aquí es donde surgen las mayores dudas. Cualquier solución por software, como han insinuado inicialmente que se iba a realizar, va a venir por una reducción de potencia para reducir las emisiones, mientras no se realicen cambios mayores en el motor. Estaríamos por lo tanto ante conductores que han comprado un coche que les prometía unas prestaciones determinadas, y que van a ver mermadas sus características. Volkswagen se debe comprometer por lo tanto a realizar cambios sustanciales en los motores, como serían la inclusión de sistemas de filtrado adicionales, o catalizadores.
  • Dieselgate también ha puesto en duda la forma en la que se realizan los ensayos de emisiones. Si el software de un coche es capaz de detectar en qué momento se están midiendo las emisiones, para trucar el funcionamiento del motor, entonces la tentación del engaño está servida. Pero más allá de la tentación de engañar, lo que demuestra Dieselgate con respecto a los ensayos, es que las condiciones en las que se miden estas son muy diferentes de las condiciones habituales de conducción, porque de otra forma, el motor estaría continuamente variando su funcionamiento al detectar condiciones de ensayo.
  • El caso Dieselgate también demuestra el desconocimiento general sobre el cambio climático y los gases que le afectan. Como ya comenté en una entrada anterior, los óxidos de nitrógeno de los que estamos hablando en este escándalo, son gases de efecto invernadero con un poder de calentamiento 250 veces superior al CO2. Así, no se justifica no exigir la devolución de las ayudas del plan PIVE porque “no se han trucado las emisiones de CO2“, cuando se han trucado las de un gas que es notablemente más contaminante.
  • De todos modos, el peligro de las emisiones de óxidos de nitrógeno manipuladas en el caso Dieselgate va más allá del propio cambio climático. Estos gases generan importantes afecciones respiratorias, y es uno de los factores importantes en las más de 27,000 muertes anuales prematuras debidas a la contaminación del aire en el estado.
  • Falta por ver el impacto que tendrá el Dieselgate en las ventas de Volkswagen, y del resto de empresas implicadas por el escándalo. Y en esto, tengo que confesar que no soy nada optimista. Con anterioridad ya hemos demostrado como sociedad que tenemos una memoria muy corta para las escándalos que salpican a la industria, y más todavía cuando dicho escándalo está relacionado con problemáticas medioambientales. Así que, si bien inicialmente puede suponer una leve bajada de ventas, mi intuición es que a la larga se volverán a recuperar las ventas de automóviles de Volkswagen a las cotas anteriores.

En vista de estos aspectos, me surge la duda de si como sociedad vamos a ser capaces de reaccionar, aprender de los errores, y exigir a las empresas que tengan por lo menos un comportamiento mínimamente ético. Quién sabe, por pedir, que no falte….

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Aitor Urresti

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