En EQUO hemos estado unos cuantos días en twitter lanzando el mensaje de que #haymasopciones, que las medidas económicas que está tomando el gobierno, lejos de ser las únicas posibles, son las peores que se podrían tomar. Que seguir las recomendaciones del FMI siempre ha sido la peor de las opciones. Que es necesario un cambio del paradigma en el que vivimos, un cambio de perspectiva que sitúe la economía al servicio de las personas, el planeta, y los seres que lo habitan. En definitiva, que es necesario un cambio radical del sistema económico actual.

Pero lo que nos pasa habitualmente, cuando hablamos de cambiar el sistema económico, es que nos paralizamos ante la aparente dimensión del problema. Nos han dicho siempre que la economía es muy complicada, nos marean con grandes cifras como el PIB, el IPC, la prima de riesgo, balances macroeconómicos… ¿cómo darle la vuelta a algo que parece tan complejo? ¿Podemos hacer algo desde nuestra pequeñez?

Yo tengo muy claro que sí. Tenemos el poder en nuestras manos. Reformulando la idea de que «lo privado es político», las decisiones que tomamos en nuestra vida privada, también influyen en la política, y en la economía. Nuestro consumo y la forma en lo que lo hacemos, también es capaz de influir en la economía.

Como comentaba hace unos días, quiero empezar una serie de entradas sobre las alternativas económicas que tenemos a mano, realidades que nos permiten tomar las riendas de nuestro consumo e influir dentro de lo posible en que las cosas vayan cambiando.

Mantengan la conexión…

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Aitor Urresti

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