Como ya anunciaba en la anterior entrada, el niño ekiots y un servidor nos hemos venido para la Grecia, para dar una vueltecita y ver lo que se cuece por estos lares, que los de Bilbao nos damos los paseos por donde nos sale, joderlahostia!!
La primera impresión-noticia de este país la recibimos ya cuando estábamos saliendo de Bilbao, camino de Madrid… nos avisan desde la compañía aérea de que el país (Grecia) está de huelga general, y que el vuelo se retrasa 4 horas (que al final fueron 5). Sorpresón y aviso a Jaris, que nos iba a ir a biscar al aeropuerto de Atenas. Por lo menos aprovechamos las horas imprevistas para visitar la exposición de Picasso en el Reina Sofía (más que recomendable, una obligación).
A pesar de los contratiempos, por fin conseguimos aterrizar en Atenas pasadas las 9 de la noche (hora local). Tiempo para más bien poco. Sólo podíamos hacer lo que nos sale de maravilla a los de Bilbao, y que hemos descubierto que compartimos con los Atenienses… salir de «tapeo» y «copeo». A pesar de ser martes por la noche y no ser festivo (la Pascua ortodoxa este año es en Abril) las calles del barrio de Psiri estaban a rebosar de universitarios… todo un placer para la vista de Ekiots (y para qué negarlo también para la mía), que completamos con un buen plato de mesedes (tapas griegas) regado con racomelo (orujo de miel caliente, para explicarlo de alguna forma). Paseo, cerveza en otro garito y a la cama, que ya eran horas…
El miércoles nos despertamos con ganas de marcha, y nos lanzamos a dar una vuelta por la ciudad. Plaza de Syntagma, donde coincidimos con el cambio de guardia (Ekiots camuflado entre los turistas babeando por los guardias, mientras yo me divertía observando el espectáculo de los turistas sacando fotos como locos).
De ahí caminata a ver piedras: El estadio Panathinaikos, el templo de Zeus Olímpico, puertas de Adriano… y el momento clave de locura… como nos pilla al lado, decidimos a visitar también el teatro de Dionisio. Por aclarar la situación, este teatro está en la falda sur del Acrópolis… Así que nos liamos a andar, viendo los restos de la falda sur, y para cuando nos damos cuenta estamos en la entrada del Acrópolis… Evidentemente había que verlo!!! Impresionante, no hay palabras. La vista de una ciudad inmensa y blanca desde uno de los puntos centrales de la cultura occidental… marmol blanco por doquier. Y desde luego, las cariátides. No se puede expresar con palabras.Como ya no eran horas de hacer más visitas (había que comer) y a pesar de que en el camnio de bajada atrávesabamos el Ágora (el foro), nos fuimos directos a la Plaza de Monastiraki para comer unos suvlaki (algo parecido al kebap) y retirarnos para una siesta. Había sido demasiado para una sola mañana.
Por la tarde quedamos con nuestro guía, para tomar un exquisito café griego en el tranquilísimo barrio de Plaka (en la ladera norte del Acrópolis) y dar una vuelta por la zona antes de ir a degustar una suculenta cena que él había preparado en casa de una amiga. Exquisita cena y mejor compañía, en una cena en la que pudimos probar varias exquisiteces griegas, regadas con Ouzo (anís), vino rechina, y mastija (un licor hecho con savia de un árbol), y como no el postre estrella de Jaris, el Tiramisú! Curiosas conversaciones en las que se entremezclaban castellano, griego e inglés, y en las que una vez más se demuestra que lo único que se necesita para entendernos son las ganas de hacerlo.
Me queda por comentar lo que hemos hecho hoy, pero lo dejo para otro día. De momento tengo que decir que las primeras impresiones que me deja esta ciudad son muy favorables. Me he sumergido en su caótica existencia que se refleja de maravilla en su bullicioso tráfico, y en su esencia mediterránea con terrazas repletas de gente de madrugada y entre semana, a la vez que he podio sentir el relax de disfrutar de un café en el oasis de Plaka, o visitar las ruinas de civilizaciones que conformaron en gran medida la forma en que hoy pensamos y vivimos…
Escuchando: Burn the Fleet de Thrice

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Aitor Urresti

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