En vista del riesgo de que estas historias se puedan convertir en algo peor que una saga de Tolkien (por la extensión, claro, que uno no pretende compararse con tales historias…), me decido a culminarlas en esta entrada a modo de resumen y conclusión.
El resto de días los dedicamos a hacer compras por las tiendas de Plaka (incluidas unas preciosas sandalias artesanas que este año van a inaugurar la temporada de sandalias…), a visitar el Ágora o a tomar copas por Exarchia. Todo ello culminado con un par de días en la isla de Égina, días de relax y de compartir experiencias con nuestros anfitriones.
De Atenas me quedo con:
  • El caos de una ciudad que vive en la calle y por la calle, con los abres llenos entre semana a la una de la mañana, y las calles a rebosar de caótico tráfico
  • Tomar un café griego en un café del oasis del barrio de Plaka
  • Los mesedes regados con rakomelo
  • Comer suvlaki junto a la plaza de Monastiraki
  • Ir de copas por Gazi o por Exarchia
  • La puesta de sol desde el monte Likavitos
  • Pasear de noche bajo las luces del Acrópolis
  • Comer pescado en el puerto de Égina
  • Hablar de política con una botella de Mastiha, después de que nos bailen música local
Pero sobre todo, me quedo con los buenos momentos vividos en compañía de mi niño Ekiots, de nuestro gran griego Howl… I’m already missing you, «hairy harry»… hope to see you soon!!
Escuchando: Take a Bow de Muse

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Aitor Urresti

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