Lemoiz Lemoniz

Hoy tengo Lemoiz en la cabeza. Se cumplen 29 años desde el accidente de la central nuclear de Chernobil. Desde entonces, los datos que se van publicando sobre lo acontecido son impresionantes: 985,000 muertes, 350,000 personas desplazadas que no pueden volver a sus casas, sin duda uno de los accidentes ambientales más graves de la historia. Hoy en día las consecuencias del mismo siguen siendo notables en el entorno de la central, donde se mantienen niveles de radiación muy elevados. El accidente de Chernobil puso en evidencia unas cuantas cosas: que la energía nuclear  no es totalmente segura, que cuando hay accidentes sus consecuencias son muy graves, y que estas se mantienen durante muchos años.

Desde entonces está claro que no hemos aprendido nada, y hace 4 años padecimos el accidente nuclear de la central de Fukushima en Japón, cuyas consecuencias todavía están por cuantificar. Si miramos más cerca, no podemos olvidar la incertidumbre sobre el futuro de la central de Garoña, una central envejecida que se quiere volver a poner en marcha. Hay que tener en cuenta que esta central se encuentra a 58 km de Bilbao, y en caso de accidente, la cantidad de gente que tendría que ser evacuada iba a ser inmanejable.

Pero en la propia Bizkaia se mantiene abierta la herida de la energía nuclear. La central nuclear de Lemoiz, a pesar de no haberse terminado de construir totalmente, todavía sigue en pie. Se empezó a construir en 1972, pero la moratoria nuclear de 1984 impidió que se pusiera en marcha. A fecha de hoy, y a pesar de que la moratoria nuclear ya no está en pie, es evidente que Iberdrola, dueña de la central, no tiene planes de poner en marcha esta infraestructura. Por ese motivo, ya es hora de que las instituciones intervengan en este entorno, para que los dueños de la central la desmantelen y devuelvan al pueblo la cala de Basordas, siempre que el edificio no se pueda reutilizar. Tengo muy claro que al ayuntamiento de Lemoiz o a Bizkaia ya se le iban a ocurrir iniciativas que llevar a cabo en ese entorno.

De todos modos, la central de Lemoiz, y el plan completo que había para la zona, es sólo una muestra de un modelo energético sin sentido. Junto a la central nuclear de Lemoiz, estaban planeadas otras dos centrales en la misma costa, en Ispaster y en Deba. En concreto el proyecto de Ispaster era una central gigante, con 6 GW en total, con lo que el conjunto de las tres centrales iban a sumar más potencia que la que actualmente hay instalada en todo el estado. Toda esta planificación quedó invalidada en 1984 cuando se decretó la moratoria nuclear, que para muchos no fue más que un rescate a las empresas eléctricas.

Han pasado muchos años desde entonces, y está claro que en lo que respecta a la planificación energética no hemos aprendido nada. A nivel mundial la tendencia es la apuesta por las energías renovables, pero mientras tanto en nuestra tierra vamos en dirección contraria. En la misma costa bizkaina, tenemos un proyecto de Fracking en Uribe Kosta, el almacén de gas de Gaviota frente a Bermeo, otro proyecto de gas en el mar al norte de Gaviota, una línea eléctrica submarina de alta tensión para conectar con Burdeos, los ciclos combinados del Superpuerto y Boroa… y mientras tanto las instituciones han dejado las energías renovables de lado, y solo el 7% de la energía que consumimos proviene de renovables producidas localmente, muy por debajo de la media estatal que es del 15%.

Tenemos por lo tanto mucho camino por delante en el ámbito de la energía en Bizkaia, pero está claro que uno de los primeros pasos para darle la vuelta a nuestro modelo energético es cerrar de una vez la herida abierta que tenemos en Lemoiz.

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Aitor Urresti

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