Estos días se están cumpliendo diez años de unos eventos que marcaron la historia, y a que a mi también me removieron la vida. Diez años de la locura, tanto en negativo como en positivo. Diez años de grandes lecciones de militancia, y cambios vitales. Evidentemente, estoy hablando de la agresión a Irak, y de las masivas manifestaciones contra la misma, en las que además una carambola del destino quiso que conociera a mi pareja, Alfredo.

Como tantas otras veces, a hacerse públicas las amenazas de EEUU a Irak, los movimientos sociales de Bizkaia nos juntamos para organizar una plataforma de protesta. Pocas ilusiones de que consiguiéramos movilizar a la gente, que en aquel momento parecía atravesar una época de apatía. Poco más de un año antes no habíamos conseguido juntar a más de un centenar de personas en las protestas contra el ataque en Afganistán.

La verdad es que las primeras reuniones nos fueron dando una sorpresa detrás de otra, pues cada vez más colectivos se iban sumando a la plataforma, aunque negativos como estábamos en aquel momento, también éramos conscientes de que en esto de los movimientos sociales hay mucha multi-militancia, y tal vez no estábamos movilizando a tanta gente. En total conseguimos acercarnos al centenar de colectivos sólo en Bizkaia.

Y llegó el gran momento: el 15 de Febrero se habían convocado las primeras manifestaciones en todo el estado, y en Bilbao para no ser menos también convocamos la propia. Todavía recuerdo el nerviosismo que nos entró cuando nos comunicaron desde Interior el cambio de recorrido de la manifestación: con el nuevo, iba a ser más evidente que no habíamos conseguido convocar a casi nadie, iba a ser de nuevo un paseo de amigos por la Gran Vía de Bilbao.

Pero como suele suceder en las películas americanas, en esta ocasión también se obró el milagro. No nos lo creíamos, pero las calles de Bilbao se llenaron a rebosar, para gritar en contra de una agresión que nadie terminaba de entender, y que desde luego no queríamos que se hiciera en nuestro nombre. Tres veces tuvimos que leer el comunicado, y todavía seguía llegando gente a la plaza del Arriaga.

Evidentemente, no fuimos ingenuos, y tuvimos más que claro que no era nuestra convocatoria la que había hecho que las calles se llenaran. La confluencia de una convocatoria conjunta en todo el estado, más el llamamiento que hizo mucha gente conocida (entre otros desde el programa «Crónicas Marcianas») habían hecho que mucha gente que no suele salir a la calle, se movilizara en aquella ocasión.

Creíamos que podíamos hacer mucho en esta ocasión, con un apoyo tan manifiesto en la calle, con lo que nos llenamos de energía y alegría, y empezamos a proponer nuevas ideas: ruedas de prensa, acciones de calle, consulta sobre la guerra (este tema lo coordiné yo a nivel de Bizkaia), acampada contra la guerra, nuevas manifestaciones…

El 15 de Marzo se convocó una nueva manifestación, esta vez de mañana y con mejor tiempo (la foto pertenece a esa convocatoria). Recuerdo perfectamente el día, porque fue bien largo, y conocí a la persona que cambió mi vida… bueno, no me voy a poner sentimental en estos momentos!

La cosa parecía que marchaba, pero empiezan a llegar los jarros de agua fría: ese mismo fin de semana se lleva a cabo la Cumbre de las Azores, en la que no debemos olvidar que además del famoso trío (Bush, Blair y Aznar) estaba más que presente el anfitrión, Durao Barroso, actual presidente de la Comisión Europea. En esta cumbre deciden saltarse el derecho internacional y dar un ultimatum a Irak.

El 20 de Marzo empieza el ataque, y se demuestra una vez más que la clase dirigente es ciega y sorda ante las demandas de la ciudadanía. De nada había servido movilizar a la gente de manera masiva en todo el estado y a nivel internacional. Había un plan previo, claramente trazado, que no se iba a abandonar porque saliéramos a la calle a protestar. Evidentemente, no nos callamos, y continuamos con las movilizaciones, pero el desánimo había hecho mella, y estas movilizaciones fueron cada vez menos masivas, hasta que nos terminamos disolviendo.

Pasados los años, mirando las cosas con perspectiva, creo que mereció la pena todo el esfuerzo de aquellos meses. Es verdad que no conseguimos parar la barbarie, pero también es verdad que conseguimos movilizar a la gente, y aunque no consiguiéramos lograr nuestro objetivo, por lo menos dimos una vía de expresión a la indignación. Conseguimos que gente que normalmente no sale de manifestación (tengo grabadas en la mente imágenes de señoras mayores con su abrigo de visón…) pensara que merecía la pena salir a protestar. Se consiguió que la gente se replanteara los argumentos oficiales, y se diera cuenta de la gran mentira que nos estaban queriendo colar. Y conseguimos que los dirigentes por lo menos se tuvieran que sonrojar al intentar mantener argumentos inasumibles.

Han pasado diez años de todo aquello, pero todavía lo mantengo fresco en mi memoria, al igual que muchas otras peleas y batallas que he mantenido en esta vida. Estoy seguro de que tú también tienes muchos recuerdos de aquellos días, así que, por qué no las compartes aquí, y hacemos un relato compartido? Seguro que nos sale algo interesante!

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Aitor Urresti

2 CommentsLeave a comment

  • bueno, en aquellos días, te conocí, permite el sentimentalismo. Pero también conocí, la militancia compartida con el que no está contigo en la misma organización, pero comparte manera de vivir, que es mucho más. Aquel modelo, que nos saco a la calle, es en el que todavía creemos a pesar, y gracias a estos díez años. Si me lo permites, seguiré buscando que el mundo sea mejor, para ti, para mi y sobre todo para mi hijo.

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