Entrada publicada originalmente en la columna que tengo en
Bilbao Buenas Noticias

Hace más de 25 años que Patti Smith nos lo cantó por primera vez, pero sigue siendo tan real hoy en día como entonces: la gente tiene el poder. Tenemos la capacidad de cambiar la realidad que nos rodea, de crear un mundo mejorUsando lo máxima feminista de “lo personal es político”, todas nuestras decisiones del día a día tienen la capacidad de legitimar o no el sistema en el que vivimos. Al comprar un determinado producto, o decidiendo si nos movemos a pie, en transporte público, o con el coche particular, estamos validando o poniendo en cuestión el modelo social y económico.

Pero en inglés la palabra “power”, además de “poder”, también se puede traducir como “energía”. La gente no sólo tiene el poder, también puede tener la energía. Se da la paradoja de que el sector energético, para ser en teoría un sector liberalizado, sea precisamente uno de los sectores más regulados de nuestra economía. Todo un enjambre de leyes, decretos y normativas, que han creado un muro entre la ciudadanía y la energía. Por eso no conocemos el origen de la energía que consumimos, y por lo tanto, no tenemos ni criterio ni capacidad para decidir qué energía consumir y cómo consumirla.

Nos han usurpado el derecho a decidir sobre la energía, y estamos cautivos de las decisiones de las grandes empresas. El objetivo de los cambios normativos que se dan en el sector energético siempre ha sido el mismo: favorecer a las grandes compañías del sector, y cortar de raíz las iniciativas que supongan menoscabar su poder. Un movimiento favorecido por las puertas giratorias, que en el sector energético giran a gran velocidad, y provocan que buena cantidad de políticos encuentren su acomodo en los consejos de dirección de las empresas energéticas en cuanto dejan sus cargos en las instituciones. Sólo desde esa perspectiva se pueden entender el parón y recorte a las energías renovables, o las modificaciones legales para prorrogar la vida de Garoña.

Aún así, es muy difícil frenar la marea, y por mucho que desde las grandes empresas y las instituciones se esmeren en poner diques, siempre quedan grietas que hay que saber aprovechar. Y eso es lo que se viene haciendo desde hace unos años en el sector eléctrico. Hablo de las cooperativas de energía renovable, empresas que están comercializando electricidad, y poniendo en tela de juicio el modelo en dos caminos: cambiando el modelo empresarial actual por un modelo cooperativo, en el que los clientes son al mismo tiempo dueños de la empresa; y comercializando en exclusiva electricidad proveniente de energías renovables. De esta forma están consiguiendo democratizar la energía al ser los clientes también socios de la cooperativa, y que como clientes tengamos capacidad de consumir sólo energía limpia. Así que por fin los consumidores tenemos opciones para escapar del sistema actual de grandes empresas energéticas, y optar por un nuevo modelo empresarial y energético. ¡Tenemos la energía en nuestras manos!

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Aitor Urresti

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