Ha pasado un tiempo desde la última vez que escribí por aquí. La verdad es que la “vuelta a la normalidad” después de la campaña electoral ha sido más costosa de lo que pensaba. De hecho todavía estoy terminando de cerrar asuntos que dejé pendientes en octubre. Pero tenía pendiente contar cómo llevé personalmente la campaña electoral, y ahora que estamos a fin de año, me parece un momento adecuado para hacerlo.

Lo primero que tengo que decir es que ha sido duro, muy duro. Han sido 4 semanas trepidantes, desde el día que presentamos las candidaturas, hasta la noche electoral. 4 semanas en las que he tenido que compatibilizar mi trabajo con ser la imagen visible de EQUO Euskadi. Actos de campaña, entrevistas en medios, asambleas abiertas… a veces no sabía dónde tenía la cabeza, después de haber tenido que dar clase, hacer entrevistas, tener alguna reunión de trabajo, reunión de campaña, y acto público en el mismo día.

Aunque soy una persona que estoy acostumbrada a atender a los medios, al haber hecho de portavoz de varios colectivos con anterioridad, tengo que hacer una confesión: llevo fatal plantarme delante de una cámara. Y en esta ocasión estaba claro que me iba a tocar mucho tiempo delante de las cámaras, además de enfrentarme a ver Gasteiz empapelada con mi imagen… Tengo que agradecer aquí la ayuda que he tenido de dos grandes personas. Por un lado, Carles Porcel, con quien he estado haciendo coaching, tanto para mejorar mis capacidades comunicativas, como para asumir el stress añadido que supone convertirse en una imagen pública. Por otro lado nuestro olentzero particular, Juvenal, que se ha dividido en tareas, haciendo a veces de niñera, otras de confesor, y otras muchas de asesor de imagen, que me ha aclarado día a día qué tenía que contar y cómo…

Pero tampoco puedo olvidar a todo el equipo que tenía detrás. Yo habré sido la imagen visible, quién ha tenido que dar la cara en el día a día. Pero nada de eso habría sido posible sin la labor previa que se ha hecho desde EQUO Euskadi, sin el trabajo de definir las líneas estratégicas de la campaña, sin el programa preparado por los grupos de trabajo, sin la labor durante meses del grupo de elecciones, o del comité electoral. Este proyecto compartido es el que ha hecho que hayamos rozado el escaño.

Esperemos a futuro seguir fortaleciendo este grupo, para afrontar las próximas elecciones en mejores condiciones, pero sobre todo, para seguir haciendo política en la calle y desde la calle, en unos tiempos que son muy duros para las propuestas alternativas.

Como conclusión final, hay algo que tengo claro: es muy duro hacer política desde el voluntariado, pero con un equipo fuerte detrás se puede. Y es más, en estos tiempos de descrédito de la política tradicional, es necesario construir proyectos nuevos sobre bases diferentes.

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Aitor Urresti

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